lunes, 23 de septiembre de 2013

Al llegar a casa y quitarse los zapatos el mundo se le antojo un paraíso hasta que recordó el mensaje del móvil y salió disparada para leerlo. A su móvil le costo encenderse y ella estaba bastante desesperada ya que se consideraba la peor persona por dejar a otra esperar tanto su contestación, cuando por fin se encendió y puedo ver el mensaje. Las estatuas de piedra se mueven más de lo que ella se movía en cuanto lo leyó. Las palabras sonaban una y otra ves en su cabeza y era como si cada letra le pesaba más y llego un momento en el que le suponía tanto esfuerzo oírlas una y otra vez dentro de ella que cayó al suelo con la misma expresión que llevaba desde que había visto el wasap.
Aunque seguía sin mover un solo músculo de su rostro su cabeza en ese momento estaba colapsada. ¿A que se refería con ese tenemos que hablar?¿Irá algo mal? Que ella hubiera notado todo estaba perfecto. Su cerebro maquinando más y más teorías conseguío mandar un mínimo impulso a la mano y escribir en la pantalla: ¿De qué?.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cada edificio se le antojaba un gigante vestido de gala algunos y otros simplemente desnudos. El tono gris del cielo casi no se veía y los truenos lejanos que se oían la obligaban a aumentar el ritmo de sus pasos hasta que llego a la salida de aquel callejón y divisó en la otra acera a su amiga casi temblando del frío por lo que se apresuro más aún si cabe en llegar y entrar en el bar. Dentro dejaron colgados sus abrigos en el respaldo de las sillas en las que se sentaron y su conversación empezó.
Los temas diversos fluían casi más rápidos de lo que se deslizaban las gotas de la lluvia por las ventanas y justo en medio de las risas de las dos amigas el teléfono recibió otro wasap. Está vez de él. No sabía si mirarlo o si seguir con al copiosa conversación, pero decidió lo segundo. Las horas pasaban y ya llevaban algo así como tres o cuatro horas cuando la amiga dio por acabada esa sesión de cotilleo y terapia diciendo que tenía que ir al dentista y que al día siguiente se verían en el trabajo para seguir con la charla. Las dos se despidieron y sus tacones pusieron rumbo hacia casa.