domingo, 9 de noviembre de 2014

Después solo silencio, uno interrumpido por el bip al colgar el teléfono y luego otro silencio eterno.
Se oían las carcajadas huecas de él, del único que la acompañaría toda la vida. Sus temores, sus miedos, sus peores pesadillas eso era aquella bestia y sabía perfectamente que estaba ahí para quedarse.
Las horas pasaban a tal velocidad que le casi competían con los segundos, estas dos medidas se habían fundido en una y ahora los días parecían horas.
Sentada en el rincón de la habitación, en el frío suelo que entumecia sus piernas se sentía bien, porque sentía. Una vez mas sus lágrimas se gastaron y ya no quedaba más que esa competición casi absurdas de miradas entre ella y ello.
Sola, de nuevo sola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario