jueves, 13 de junio de 2013
Los días pasados juntos, los minutos, los segundos eran eternos. No se les ocurría momento más perfecto que aquel en el cual estaban juntos. Pero es que la mente humana funciona así, y si algo te va demasiado bien es porque algo malo lo sucede. Una noche ella llamó llena de ilusión al igual que siempre pero de su móvil ya no salía la dulce voz de su amado sino un tono amargo y sombrío de espera. Intentó llamar otra vez y no consiguió nada, y otra y otra. Dejó de llamar. Estará ocupado, pensó; y se echo a la cama mirando el techo, esta vez pensando en todo este tiempo que había volado delante de sus narices mientras ella estaba demasiado atrapada en los ojos de él como para darse cuenta de ello.
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