domingo, 10 de marzo de 2013
Se sentía desconcertada. ¿Por qué le fue ha llamar justo a ella? No tenía sentido que alguien se interesara, así que pensó también en que pudo ser solo por el trabajo, que solo se interesara porque tendría que haber echo algo en el y nadie más lo podría hacer. Luego pensó que era un tontería, era fácilmente reemplazable cualquiera podría hacer su trabajo. Siguió así durante una semana, llorando todas las noches hasta quedarse dormida pensando que era tonta al hacerse ilusiones, al pensar siquiera en alguien. Después de esta semana agotadora en un acto de impulsividad cogió el teléfono y le llamó. Oyendo los bips que dejaban ver que estaba comunicando se arrepentía de haberlo echo, pero no podía colgar, vería que habría llamado y pero por otro lado no sabía que decir, aún así no colgó y una voz suave broto del altavoz del móvil. Aquella voz repetía una y otra vez un hola en forma de pregunta pero ella seguía en silencio.
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La depresión es una fuente inagotable de inspiración, es cuestión de controlar lo que escribimos.
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