domingo, 9 de noviembre de 2014

Después solo silencio, uno interrumpido por el bip al colgar el teléfono y luego otro silencio eterno.
Se oían las carcajadas huecas de él, del único que la acompañaría toda la vida. Sus temores, sus miedos, sus peores pesadillas eso era aquella bestia y sabía perfectamente que estaba ahí para quedarse.
Las horas pasaban a tal velocidad que le casi competían con los segundos, estas dos medidas se habían fundido en una y ahora los días parecían horas.
Sentada en el rincón de la habitación, en el frío suelo que entumecia sus piernas se sentía bien, porque sentía. Una vez mas sus lágrimas se gastaron y ya no quedaba más que esa competición casi absurdas de miradas entre ella y ello.
Sola, de nuevo sola.

Había vuelto él, la sombra, el monstruo que desde que empezó su nueva vida la había dejado de seguir.
El móvil sonó y a parte de su corazón también las lágrimas se congelaron al igual que el tiempo. No sabía si cogerlo o quedarse escuchando la canción emergente de él. Sus dudas se apoderaron de ella y descolgó mientras suavemente salía de su boca el aire produciendo la palabra hola. Él le respondío con voz agitada, casi sin respiración.
-Estaba con unos amigos lo siento por no llamarte antes...
No le dejó proseguir la frase y esta vez el aire fue expulsado de su boca de la misma forma agresiva que lo hace en una explosión. 
-¿Qué te pasa?¿A qué viene el mensaje? 
-Necesitaba hablar contigo sobre lo de pasar tanto tiempo juntos.
Sus ideas se iluminaron ya que sabía muy bien de lo que hablaba, ella al no tener ni un amigo se había volcado día y noche en la relación, intentaba no estar encima de él siempre pero claro cuando el no estaba se sentía sola.
-El caso es que dudo que pueda quedar tanto como hasta ahora, mañana empiezo en la oficina y tú en la facultad no? Así que en cuanto sepas el horario me lo podrías decir a ver si coincidimos en algún rato libre.
-Claro. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

La respuesta se hizo esperar tanto que no aparecía. 4 horas llevaba ya dando vueltas por casa, comiéndose las uñas e intentando averiguar que había echo mal. Una sombra revoloteaba por la habitación, asustada se sentó al lado de la cama mirando un póster viejo de un cantante aún más viejo. Su cabeza iba a cien ideas por segundo y aunque ninguna la convencía del todo las daba por buenas a todas hasta que se colapsó. La sombra dejo de rondar la habitación, el monstruo volvió, sus temores volvieron; se sentó al lado de ella y le echó una sonrisa mientras se desvanecía tal como Chesire lo habría echo. La dejó sola, desolada y aterrorizada en ese frió suelo. Nada cambia para siempre, pensó. Sabía que ya no podía seguir esperando pero tampoco quería llamarla ella. Pensamientos contradictorios, y a parte de ellos un nuevo problema de un viejo amigo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Al llegar a casa y quitarse los zapatos el mundo se le antojo un paraíso hasta que recordó el mensaje del móvil y salió disparada para leerlo. A su móvil le costo encenderse y ella estaba bastante desesperada ya que se consideraba la peor persona por dejar a otra esperar tanto su contestación, cuando por fin se encendió y puedo ver el mensaje. Las estatuas de piedra se mueven más de lo que ella se movía en cuanto lo leyó. Las palabras sonaban una y otra ves en su cabeza y era como si cada letra le pesaba más y llego un momento en el que le suponía tanto esfuerzo oírlas una y otra vez dentro de ella que cayó al suelo con la misma expresión que llevaba desde que había visto el wasap.
Aunque seguía sin mover un solo músculo de su rostro su cabeza en ese momento estaba colapsada. ¿A que se refería con ese tenemos que hablar?¿Irá algo mal? Que ella hubiera notado todo estaba perfecto. Su cerebro maquinando más y más teorías conseguío mandar un mínimo impulso a la mano y escribir en la pantalla: ¿De qué?.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cada edificio se le antojaba un gigante vestido de gala algunos y otros simplemente desnudos. El tono gris del cielo casi no se veía y los truenos lejanos que se oían la obligaban a aumentar el ritmo de sus pasos hasta que llego a la salida de aquel callejón y divisó en la otra acera a su amiga casi temblando del frío por lo que se apresuro más aún si cabe en llegar y entrar en el bar. Dentro dejaron colgados sus abrigos en el respaldo de las sillas en las que se sentaron y su conversación empezó.
Los temas diversos fluían casi más rápidos de lo que se deslizaban las gotas de la lluvia por las ventanas y justo en medio de las risas de las dos amigas el teléfono recibió otro wasap. Está vez de él. No sabía si mirarlo o si seguir con al copiosa conversación, pero decidió lo segundo. Las horas pasaban y ya llevaban algo así como tres o cuatro horas cuando la amiga dio por acabada esa sesión de cotilleo y terapia diciendo que tenía que ir al dentista y que al día siguiente se verían en el trabajo para seguir con la charla. Las dos se despidieron y sus tacones pusieron rumbo hacia casa.

jueves, 13 de junio de 2013

Empezó a pensar en todo lo que había pasado, en cómo había pasado, y en todo lo que había cambiado no tanto su vida sino su propio pensamiento. Era como un digimon pensó, he evolucionado. Cogió el móvil y empezó a jugar con el y de repente, pum, un mensaje del whatsapp. Era una chica de la que se había echo muy amiga ahora que por fin levantaba la cabeza por los pasillos del trabajo. ¿Quedamos? Sus labios dejaron ver una sonrisa y respondió rápidamente con un claro.
En la calle aún siendo mayo hacia frío ya que el viento soplaba un aire gélido que parecía salido de las entrañas de un dragón de hielo. Pero su bufanda así como la gabardina que le llegaba un poco más arriba de las rodillas conseguía resguardar la de él. Sus zapatos de tacón, negros como el rimel que llevaba resonaban en cada calle que se adentraba y sus ojos recorrían todas las direcciones y es que aunque viviera en esa ciudad desde hace tanto no dejaba de asombrarla.
Los días pasados juntos, los minutos, los segundos eran eternos. No se les ocurría momento más perfecto que aquel en el cual estaban juntos. Pero es que la mente humana funciona así, y si algo te va demasiado bien es porque algo malo lo sucede. Una noche ella llamó llena de ilusión al igual que siempre pero de su móvil ya no salía la dulce voz de su amado sino un tono amargo y sombrío de espera. Intentó llamar otra vez y no consiguió nada, y otra y otra. Dejó de llamar. Estará ocupado, pensó; y se echo a la cama mirando el techo, esta vez pensando en todo este tiempo que había volado delante de sus narices mientras ella estaba demasiado atrapada en los ojos de él como para darse cuenta de ello.